La
sociedad del rendimiento, la sociedad del cansancio.
Descubro a Byung-Chul Han, autor, filósofo coreano afincado en Alemania a
través de uno de sus libros La Sociedad del Cansancio. Creo interesante
comentar su visión de nuestra sociedad post-moderna.
Han plantea – no olvidemos que su punto
de vista está centrado en las sociedades europeas- que a diferencia de la
sociedad disciplinaria de la era pre-industrial e industrial, la que describe
Foucault, la sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad del rendimiento. Los sujetos
son emprendedores de sí mismos. Han
dejado de ser los sujetos de obediencia en el marco de la disciplina para
convertirse en sujetos de rendimiento. La sociedad disciplinaria está definida
por la prohibición, la obligación, y el No-poder, términos que se inscriben en
la negatividad. En cambio la sociedad del
rendimiento se desvincula progresivamente de la negatividad. Esta nueva
forma se caracteriza por el verbo positivo de PODER sin límites. Tiene carácter
de positividad.
Afirma el autor que con el fin de
aumentar la productividad se sustituye el paradigma disciplinario por el de
rendimiento, por el esquema positivo del poder hacer, pues a partir de un
momento determinado de producción, la negatividad de la prohibición tiene un
efecto bloqueante e impide un crecimiento ulterior. Y vemos que la positividad
del poder es mucho más eficiente que la negatividad del deber. De este modo el inconsciente social pasa del
deber al poder. Sin embargo, el poder no anula al deber, el sujeto de
rendimiento sigue disciplinado.
En esta sociedad en que al sujeto se le
quitan los límites y se le empuja a una autorrealización permanente hemos
pasado de la idea de que había cosas que no se podían hacer, que nos estaban
prohibidas, a la idea de que podemos hacer cualquier cosa, o mejor dicho que
debemos poder hacer cualquier cosa. Esta presión constante es la que está
detrás de algunas enfermedades como el Trastorno del Déficit de Atención con
Hiperactividad (TDAH), la Depresión o el Síndrome de Desgaste Ocupacional
(SDO).
La sociedad disciplinaria todavía le rige
el NO, y su negatividad genera locos y criminales. Por el contrario, la sociedad del
rendimiento produce depresivos, y fracasados.
El filósofo hace una interesante relación
entre política, filosofía y psicología. Así en este desarrollo de su marco teórico
desarrolla su visión sobre lo que provoca la depresión es el agotamiento, la
presión del rendimiento. Lo que enferma no es el exceso de responsabilidad e
iniciativa sino el imperativo del rendimiento, como nuevo mandato de la
sociedad del trabajo tardomoderna. El individuo ha interiorizado la represión y
se ve abocado al cansancio y a la
depresión. El hombre depresivo es aquel animal
laborans que se explota así mismo, es decir, voluntariamente, sin coacción
externa. Él es al mismo tiempo: verdugo y víctima.
Como señala Francesc Arroyo en su entrevista a Byung-Chul Han del diario El
País del 2014, “el hombre contemporáneo ya no sufre ataques virales procedentes
del exterior, se corroe a sí mismo entregado en la búsqueda del éxito. Un
recorrido narcisista que lo conduce hacia la nada que lo agota y lo aboca hacia
la depresión”. Cualifica a las enfermedades de esta sociedad de neuronales. La
depresión, el TDAH, el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) o el SDO
definen este panorama patológico de principios de siglo XXI.
El aporte de Han es mostrar
–metafóricamente- cómo la época bacterial toca a su fin, por el descubrimiento
de los antibióticos y que el comienzo del siglo desde un punto de vista
patológico, no sería ni bacterial ni viral, sino neuronal. Consisten en estados
patológicos atribuibles a une exceso de positividad, de presión sobre el hecho
de tener que poder que ya está insertado
en el propio sistema social, en el sistema neuronal del sistema.
El agotamiento, la fatiga, la asfixia,
ante la abundancia tampoco son reacciones inmunológicas. Todas ellas consisten
en manifestaciones de una violencia neuronal, que no es viral puesto que no se
deriva de ninguna negatividad inmunológica. La positivización del mundo permite
la formación de nuevas formas de violencia. Estas no parten del otro
inmunológico, de un enemigo externo, sino que son inmanentes al sistema mismo.
La violencia de la positividad, que
resulta de la superproducción, el super-rendimiento o la supercomunicación, ya
no es “viral”, la inmunología no ofrece acceso a ella. La repulsión frente al
exceso de positividad no consiste en ninguna resistencia inmunológica, sino en
una abreacción digestivo-neuronal y
en un rechazo. Cómo si el sistema, el organismo sistémico social se volviera
contra el mismo.
Para el autor, el Síndrome del Desgaste Ocupacional (SDO) no pone de manifiesto un sí
mismo agotado, sino más bien un alma agotada, quemada. El exceso de trabajo y
rendimiento se agudiza y se convierte en auto-explotación. El explotador es al
mismo tiempo el explotado. Víctima y verdugo ya no pueden diferenciarse. El SDO
indican un exceso de positividad, de Yo
Puedo. Este último significa el colapso del yo.
Al principio la depresión consiste en un
cansancio del crear y cansancio del poder hacer. El lamento del individuo
depresivo: “nada es posible” , solamente puede manifestarse dentro de una sociedad
que cree que “Nada es imposible”. No–poder-poder-más
conduce a un destructivo reproche de sí mismo y a la autoagresión. El sujeto de
rendimiento se encuentra en guerra consigo mismo y el depresivo es el inválido
de esta guerra interiorizada. La depresión es la enfermedad de una sociedad que
sufre bajo el exceso de positividad.
Han se define como romántico, y por tanto
la solución la encuentra en el amor. Al aceptar la existencia del otro/a,
cuidar del otro/a, percibir su existencia; en la relación con el otro/a se
recupera el sentimiento de Eros/Amor antídoto
de la depresión. “La falta de relación
con el otro/a es la principal causa de la depresión . Esto se ve agudizado hoy
en día por los medios digitales, las redes sociales”. Desde la filosofía
budista podríamos compararlo a la actitud de amar al otro y ocuparse de que
también pueda estar bien, y la actitud cristiana de amar al otro como a ti
mismo. El proceso del amor hacia uno mismo que puede cultivar un verdadero
Amor/Eros hacia los otros.
El exceso de positividad se manifiesta
como un exceso de estímulos, informaciones e impulsos. Modifica radicalmente la
estructura y economía de la atención. Debido a esto la atención queda
fragmentada y dispersa. De ahí que podamos explicarnos porque algo tan
ancestral como la meditación y las técnicas de relajación ahora tienen este
espacio reivindicado, bien visto y acompañado.
Han pone en valor lo que serían las
virtudes de la vida contemplativa, la pausa, el decir NO, sin ser necesario
decir “no puedo hacerlo”, sino más bien: “Puedo no hacerlo”, decido no hacer
tantas cosas, por ejemplo. El paso de la vida activa a la vida contemplativa nos
permite alcanzar una calma en la cual nos convertimos en soberanos de nosotros
mismos.
Una profunda y reveladora lectura que te
invito a descubrir con anhelo de transformación de lo cotidiano. Como bien dice
nuestro buen filósofo, los logros
culturales de la humanidad, a los que pertenece la filosofía, se deben a la atención
profunda y contemplativa”.
Assumpta Mateu
Psicóloga Clínica y Terapeuta Gestalt e Integrativa.
(2012) La Sociedad del Cansancio.
Byung-Chul Han . Ed. Herder
(2014) La agonía del Eros. Byung-Chul
Han. Ed. Herder
(2014) Aviso de Derrumbe. Artículo de Francesc
Arroyo. Entrevista a Byung-Chul Han.
Diario El País, 22 de marzo de 2014.