Claudio Naranjo en Mallorca
Si no esperas no inesperado, no lo reconocerás cuando llegue. Heráclito de Efeso
Durante unos días hemos podido disfrutar de la visita de un Maestro. En estos tiempos oscuros, en el que el mundo parece ponerse patas arriba, son escasas las voces claras, las palabras sabias. Nosotros hemos tenido la suerte de escuchar a alguien que desde un marco más holístico e integrado en el contexto humano, fuera de opiniones y sesgos, nos presenta la realidad de nuestra sociedad tal cual es, desde la perspectiva del Ser, señalando que "el Emperador va desnudo", como el niño en el cuento de Andersen. Sus palabras fueron esclarecedoras; no nos dijo qué había que hacer, simplemente, describió las cosas tal cual son (y que cada uno, en su ámbito, haga lo que pueda). Y, una vez señalada la realidad, me indujo a pensar cual es mi grano de arena para aportar en esta playa que nos acoge, cómo quiero que sea mi presencia en el mundo, cómo puedo estar presente, y ser yo, en este mundo que me está rodeando ahora, cómo puedo sentirme yo y ser parte de un todo que no es nada… Cada día, me iba a mi casa llena de reflexiones, y hermanada con otros en una reflexión común.
Y me sentí especialmente conmovida por el encuentro en Son Rullán, un lugar de feng shui perfecto: la montaña, protegiendo la casa; la casa, a media altura entre el mar y la pared montañosa; la posesión, como una atalaya, apostada para observar un mar que, aquel día, aparecía cerúleo, con brillos de mármol, extendiéndose hacia el infinito, como una llanura inmensa y casi sólida. Me sentí pájaro sobrevolando con la mirada aquella planicie interminable. El ambiente ese día, en la casa, era tan cálido y amoroso porque todos teníamos "nuestro hogar" encendido, transmitiéndonos complicidades y cohesión anímica. Eramos como una hermandad de buscadores, aliados en proteger aquel lugar, y aquel momento.
Cuando llegó Claudio, a todos nos atrajo su mirada, honda y chispeante. A mi me recordaba la mirada inocente de los niños, cuando miran a su madre confiados y agradecidos. En otros momentos, era la mirada del sabio, observando sin barreras ni juicio, la mirada que queda cuando el ego se ha quitado de en medio. Me enterneció su entrega, hacia todos y cada uno de nosotros.
Por él, por todos los que estábamos allí, por el marco que ofrecía el lugar, por la comida deliciosa que compartimos, por el aire marino y tibio de aquella mañana, por todo ello, me sentí feliz ese día, profundamente feliz, a pesar de la resistencia celular a dejarse embargar por lo transcendente, sentí que hay momentos de comunión, sólo había que abrir las puertas…
Gracias Claudio, y a todos los allí presentes, y a todos los que lo hicieron posible.
Palma de Mallorca, octubre de 2011.
Mariajesús Fdez. Castaño
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